Hoy somos 7.000 millones de personas en el mundo. Y 47 millones en España. Bueno, más o menos. No nos hemos puesto a contarlos uno por uno esta mañana en el desayuno. Un reciente estudio que hace una revista médica muy importante que se llama The Lancet dice que la población seguirá creciendo y creciendo hasta el año 2060, cuando llegará casi casi a los 10.000 millones en todo el mundo. Y que a partir de ahí… comenzará a descender hasta quedarse en 8.800 millones en 2100. ¡Qué listos son los de The Lancet!

Y en algunos países, como España, el descenso de esos últimos años será más acusado. Dice el estudio que nuestra población se verá reducida a la mitad de la que es ahora: en 2100 seremos solo 23 milloncillos de españoles.

¿Por qué? No os preocupéis, que no va a ser por el coronavirus. O al menos eso esperamos. La clave del descenso parece que está en que la población femenina se va incorporando cada vez más al mercado de trabajo y eso conlleva que cada vez nazcan menos bebés. ¡Porque a ver quién los cuida, si papá y mamá están trabajando!

¿Y esto es bueno o es malo? Pues puede tener sus cosas buenas y sus cosas malas.

Una disminución de la población es algo bueno, por ejemplo, para el medio ambiente. Teniendo en cuenta que los humanoides somos tirando a cochinos, no lo vamos a negar, cuantos menos cochinos haya, menos contaminado estará el mundo. Así de clarito.

Pero la disminución supone un problema, en cambio, porque debido al acusado descenso de nacimientos que se prevé, la población se hará más viejita. Las personas ancianas no trabajan, y tiene que haber gente joven que lo haga, que pague impuestos y que cuide de los abuelitos. Y así los ancianos podrá ser atendidos por los médicos y podrán cobrar sus pensiones.

Está bien saber todo esto con tiempo y tenerlo en cuenta por si hay que corregir algo y evitar posibles problemas. Por ejemplo, sabiendo lo que se nos viene encima, los Gobiernos podrán dedicar más esfuerzos a hacer la vida más fácil a papás y a mamás. Y estos podrán cuidar mejor de sus pequeñajos, tenerlos más atendidos y mimados, y así decidirse a tener más.

También se piensa que los países que apuesten de forma decidida por una correcta política migratoria podrán compensar la falta de nacimientos con la llegada de inmigrantes. Y así solucionaran la falta de mano de obra para trabajar.

Estos estudios no son nunca definitivos, pero está claro que siempre conviene tenerlos en cuente para ir ajustando posibles problemillas antes de que se nos vengan encima. Bastaría con que los políticos pensaran un poco más a largo plazo de lo que suelen hacerlo habitualmente. ¿No os parece?

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