España ha decretado el estado de alarma. Se trata de un recurso que prevé nuestra Constitución (la ley que regula el funcionamiento del país) y que permite que el Gobierno tome medidas especiales para casos especiales, como es el que ahora estamos viviendo por la epidemia del dichoso coronavirus. Por ejemplo, que no podamos salir de casa salvo casos muy justificados. Se hace porque se cree que va a ser la manera más rápida y eficaz de acabar con la expansión del bicho. Nos va a contar en qué consiste lo del estado de alarma y las medidas que se están tomando nuestra corresponsal más casera, Demi Casa Nimemuevo.

– Hola Demi, ¿dónde te encuentras?

– Dónde voy a estar jefe, en mi casita. Cumpliendo con las instrucciones que nos da el Gobierno. ¡Parece usted tonto!

– Perdona, es la costumbre de preguntar lo mismo siempre. ¿Y nos puedes contar en qué consisten tales instrucciones, Demi?

– ¡No me diga que no se las sabe!

– Sí, si me las sé. Pero quiero que se las expliques a nuestros lectores, por si queda algún despistadillo.

– Ah vale. Lo primero que hay que decir es que la declaración de estado de alarma que ha hecho el Gobierno es una medida excepcional. ¡No se puede andar declarando la alarma todos los días!

– ¿Y por qué se declara ahora?

– ¿Está bobo o qué? ¡Pues por la epidemia del coronavirus! 

– Que yo sí lo sé. Que lo que quiero es que se lo cuentes a los lectores. Te encuentro un poco alteradilla, ¿eh?

– Disculpe, jefe. Es que son muchas horas aburrida en casa, y no encuentro las fichas del Monopoli para jugar una partidita con la familia. ¿Donde las habré puesto? 

– Luego las buscas, anda. ¿Y cuáles son las principales medidas?

– ¡No me diga que todavía no se las…! Ah no, perdón, que es por lo de contárselas a los lectores.

– Eso.

– Pues la principal medida es que tenemos que quedarnos en casa para evitar el contacto con los demás y frenar así el contagio de una vez.

– ¿Y no se puede salir para nada, Demi?

– ¡No me puedo creer que no conozca usted las excepciones…! Ah…, calle. Sí las conoce, lo que pasa es que quiere que…

– Eso mismo.

– Se puede salir para comprar comida, ir a la farmacia o al hospital, trabajar, cuidar de personas mayores o enfermas, o causas muy justificadas. También para bajar al perrito. Pero todo de forma individual, lo más cerca de casa posible. Y el perrito, si eso, que haga sus cosas rapidito.

– ¿Y podemos ir al cine, teatro, restaurante, bares o centros de ocio?

– ¡Yo no sé en qué mundo vive usted, jefe! Vale,vale… Ya me callo. Pues no, no se puede. Está todo cerrado.

– ¿Y a las fiestukis en casa de los colegas?

– ¡Eso es una insensatez! ¿No ve que se trata de evitar el contacto, alma de Dios? ¡Hay que ser más responsable, hombre! No debería ser necesario que nos vengan a prohibir cosas que nuestro sentido común ya nos desaconsejan hacer. 

– No, si yo no…

– Disculpe, disculpe, jefe. Es que lo del Monopoli me tiene fuera de mi.

– ¿Y esto va a durar mucho, Demi?

– Qué pasa, ¿que ya no aguanta más? ¡Hay que tener un poquito de paciencia, hombre! Pensar en los demás y poner todos de nuestra parte para… Vale, usted sabe de sobra que el estado de alarma dura 15 días, ¿no?

– Sí.

– Y que se puede luego prorrogar si hace falta siempre que lo apruebe el Congreso de los Diputados, ¿verdad?

– Verdad.

– Lo que quiere es que yo lo cuente.

– Ea.

– Para que se enteren los lectores.

– Correcto.

– Pues le voy a contar también que a partir de ahora se van a utilizar todos los medios disponibles para reforzar el sistema sanitario. Esto es muy importante para que si muchas personas se ponen enfermas a la vez, los hospitales puedan atenderlas.

– Eso está muy bien.

– ¿Y sabe qué? Que la policía y el ejército van a garantizar que los productos lleguen a los mercados y podamos adquirirlos sin problema.

– ¡Fenomenal! Noto en ti, querida Demi, un cambio de actitud.

– Si jefe. Es que estoy muy contenta.

– Haces muy bien. Es fundamental afrontar esta situación con alegría y optimismo.

– No, no… Es que… ¡he encontrado las fichas del Monopoli!

– Ah.

– ¿Y sabe qué? Que ahora ya sí que sí: ¡de mi casa ni me muevoooo! ¡Anda! ¡Como mi nombre!

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