Que Bolivia no acabe en llamas

 

Nos quejamos en España por el lío que tenemos con nuestras elecciones, pero otros países, como Bolivia, sí que tienen graves problemas. Allí, después de las acusaciones de fraude tras las últimas elecciones, se viven jornadas de enfrentamientos y violencia en la calles. El reelegido presidente Evo Morales ha tenido que largarse del país. ¿Nos interesa en España lo que está pasando en Bolivia? Debería interesarnos y mucho, entre otras cosas porque aquí residen con nosotros cerca de 100.000 bolivianos que están, seguro, muy preocupados.

Aparte de la situación política que ahora vive, Bolivia es un país complejo. El páis del que se dice que cuenta con la mayor cantidad de llamas del mundo (las primas de los camellos), es uno de los lugares de América Latina con más población indígena, una colectivo que ha estado siempre en una situación de pobreza y precariedad.

Los pueblos indígenas de Latinoamérica son los descendientes de los pobladores del continente antes de la llegada de un tal Cristóbal Colón. Son pueblos que han sabido mantener su propia cultura y que se reconocen a sí mismos como indígenas.

Nombres tan chulos y sonoros como Aymara, Canichana, Guaraní, Cayubaba, Guarasugwe. Kallawaya, Chipara o Quechua, que parecen modelos de sudaderas del Decathlon, son algunos de los pueblos indígenas de Bolivia.

A pesar de la discriminación y precariedad que siempre han sufrido estos pueblos, en 2006 un Aymara, Evo Morales, logró convertirse en el primer presidente indígena de Bolivia.

Procedente de una familia de agricultores, Morales acabó siendo líder sindical de uno de los grupos de campesinos más representativos de Bolivia: los cocaleros. Estos no venden coca colas, sino que se dedican al cultivo de hojas de coca, de donde se extrae la peligrosa cocaína. Su cultivo allí para usos medicinales y para combatir el “mal de altura” es considerado como parte de la cultura indígena.

Pese a haber logrado un inesperado desarrollo económico en el país, Evo Morales parecía empeñado, a base de triquiñuelas, en prolongar y prolongar sus mandatos. No se quería ir del poder ni a tiros.

En estas últimas elecciones se habían detectado “graves irregularidades”, y la situación empezó a revolverse contra el presidente con protestas en las calles.  

La cosa se fue agravando hasta que al final las fuerzas armadas “sugieren” al presidente que renuncie a su mandato. A ver, si a ti te llega tu primo Jacinto y te sugiere que renuncies al bocadillo, le puedes decir que vale, que diga lo que quiera Jacinto, que tú te lo zampas y punto. Pero claro, si el que te lo sugiere es el Comandante de las Fuerzas Armadas… como que te lo piensas.

El caso es que los militares y la policía habían dejado de apoyar al Gobierno. Y ante tal situación, Morales se largó a México y dejó la presidencia, acusando a la oposición de haber dado un “Golpe de Estado”.

Ahora hay una nueva presidenta que promete convocar elecciones en un plazo razonable. Pero el líder cocalero anuncia que pronto volverá y no sabemos cómo va a acabar este verdadero lío boliviano. Esperemos que bien o, al menos, todo lo mejor que se pueda. Pero si acaba en llamas, que sea entre animales. No con fuego.


Mal de altura: La ciudad de La Paz, en Bolivia, se encuentra nada menos que a 3.600 metros sobre el nivel del mar. Eso provoca fatiga y malestar físico por la falta de aire, sensación que se conoce con el nombre de “mal de altura”. Allí lo llaman soroche. En lugares como Bolivia, una de las maneras de combatirlo es mascar hojas de coca.

Golpe de Estado: quitar a alguien del poder por la fuerza. En el caso de Bolivia, para Evo Morales lo ocurrido ha sido un Golpe de Estado. Para la oposición, en cambio, se ha tratado de una “legítima y masiva movilización ciudadana”.

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