Se cayó el muro

El 9 de noviembre de 1989, hace exactamente 30 años, se cayó el Muro de Berlín. ¡Catuplum! En realidad el muro no hizo cataplum así de golpe. Se dice que cayó simbólicamente, haciendo referencia a que dejó de cumplir su función, que era la de separar a las dos alemanias que había entonces, la del este y la del oeste. Y también a dos tipos de sociedad, regímenes políticos y formas de vivir y de entender el mundo que habían permanecido muy diferenciadas desde el final de la II Guerra Mundial: el capitalismo y el comunismo. ¿Qué era el muro? ¿Para qué se construyó? ¿Por qué cayó?

Después de 1945, al finalizar la II Guerra Mundial, Alemania, una de las principales perdedoras, quedó dividida y repartida entre las cuatro potencias vencedoras: EE UU, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Hecha cachitos.

Poco después, las tres primeras juntaron sus cachitos y formaron una Alemania: la llamada República Federal de Alemania, también conocida como Alemania Occidental, para los amiguetes. Y la parte soviética formó otra Alemania: la República Democrática Alemana, también conocida como Alemania Oriental, para los amiguetes también. Para haberlo puesto más fácil y distinguirlas mejor, les podían haber llamado a una Alemania y a la otra Iluminia, por ejemplo, pero no les dio la gana. Así que surgieron las dos alemanias, la capitalista (al oeste) y la comunista (al este). La ciudad de Berlín quedaba dentro de la zona soviética, pero al ser la capital también se dividió.  

En realidad, la división era la consecuencia de lo que entonces se conocía como la Guerra Fría. Que no, no era una guerra en la que había que luchar con abrigo, bufanda y guantes. La Guerra Fría fue el enfrentamiento, que duró cuatro décadas, ente los dos grandes bloques que acabaron formándose después de la II Guerra Mundial, liderados por un lado por EE UU (bloque capitalista/oeste) y por otro por la Unión Soviética (bloque comunista/este). Se llamó así porque en realidad los dos bloques no llegaron nunca a enfrentarse militarmente, es decir, en caliente. Pero se ponían a caldo y se lanzaban amenazas continuamente.

Mientras que la parte capitalista, la occidental, iba prosperando económicamente, a la parte comunista, la oriental, le empezaron a ir las cosas malamente. Además, en la zona occidental de toda Europa se desarrollaban regímenes políticos democráticos, mientras que en la parte oriental las libertades y derechos de la población permanecieron mucho más restringidos durante bastante tiempo. Desde entonces y hasta 1961, los alemanes del este, que no eran tontos, andaban con la mosca detrás de la oreja. Y muchos, casi 3 millones de los que vivían en el este, se largaron al oeste. Las moscas, casi tres millones también, se quedaron en el este.

Los dirigentes de la República Democrática Alemana, que tampoco eran tontos, se dieron cuenta de que en su parte de Berlín se estaban quedando sin población. Solo con moscas. Y decidieron levantar un muro, el Muro de Berlín, para que la gente no se largara a la parte occidental. Un muro casi infranqueable que ha durado 28 años, y por el que no se podía pasar salvo que quisieras jugarte la vida, como se la jugaron muchos alemanes que intentaron cruzar al otro lado. Aunque muchos lo consiguieron, más de 250 alemanes murieron en el intento. El muro media 155 kilómetros, y rodeaba todo Berlín occidental para que no pasara ni el Tato. Durante casi treinta años, hubo familias en Berlín que quedaron divididas a ambos lados.

Así fueron pasando los años. Y en los regímenes comunistas, que cada vez tenían a la población más descontenta por la mala situación económica, se iban produciendo protestas y más protestas. Y el pueblo se iba envalentonando y poniendo las cosas difíciles a los dirigentes.

En noviembre de 1989, las autoridades de la República Democrática Alemana convocaron a la prensa para anunciar una novedosa ley que permitía a los alemanes del este empezar a viajar al extranjero. Poquito a poco, se suponía.

“¿Desde cuando van a poder viajar?” preguntó un periodista. El portavoz del Gobierno alemán, que al parecer andaba un poco despistadillo, dudó un momento. Pero acabo contestando… “Desde ya”. Bueno, no lo dijo así. Lo dijo en alemán: “¡ab sofort!”, pero más o menos vino a querer decir eso.

No está muy claro si fue un error, si el tipo se lió él solito, si no supo matizar o si realmente quiso decir eso. Pero el caso es que se lió gorda. La gente lo oyó por televisión, entendió que el muro había dejado de tener su función y que se podía pasar al otro lado ¡ab sofort!. Y allá que se fueron todos, hacia el muro, para saltarlo y pasar al oeste. No, no al oeste americano de los vaqueros y los revólveres. Al oeste desarrollado, libre y democrático.

Los vigilantes, que también habrían oído lo que había dicho el portavoz, no se atrevieron a detener a la multitud. Y saltaron y saltaron… Había caído el símbolo de la Guerra Fría. Aquello ya nadie pudo pararlo.

En 1990, Alemania se reunificó y, pese a las muchas dificultades, acabó por convertirse en el motor económico de la Europa que hoy conocemos. Y en 1991, dos años después de la caída del muro, la Unión Soviética se desmembró ella solita.

Y lo mejor es que todo sucedió sin una pizca de violencia. No como en el oeste de los vaqueros y los revólveres, que eran muy brutos.

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