¡Feliz cumpleaños, Internet!

El 29 de octubre de 1969, solo tres meses después de la llegada del hombre a la Luna, se produjo otro de los grandes acontecimientos de la historia moderna: el nacimiento de un bebé, muy mono él sí, pero que poco mas sabía hacer salvo caca, pis y lloriquear, como todos los bebés. Le pusieron de nombre Internet. La criatura, uno de los inventos que más ha revolucionado nuestra sociedad, cumple ahora cincuenta años y ya está hecho un hombretón. ¿Fue un parto difícil? ¿Cuánto peso el bebé al nacer? ¿Quiénes eran los papás? ¿Cómo hacía la caquita?

Todos los lectores de nuestro periódico – bueno, todos todos no, porque también nos lee gente mayorcita – han nacido ya en la era de Internet. Pero no hace tanto que enviar emails o copiar y pegar de Wikipedia – ¿qué pasa, que os pensáis que vuestros profes no lo saben? – eran tarea imposible.

Todo comenzó un día como hoy, 29 de octubre de 1969 en Estados Unidos, cuando dos rudimentarios ordenadores consiguieron comunicarse entre sí. Visto desde ahora puede parecer una tontería. Pero aquella fue la primera vez. Y el parto no fue fácil. Costó lo suyo.

Desde un ordenador, que más que un ordenador parecía un lavavajillas, se envió un mensaje a un segundo ordenador, que más que un segundo ordenador parecía un segundo lavavajillas, situado a 600 kilómetros de distancia.

Y para establecer la conexión entre ambos se utilizó un armatoste, equivalente a lo que hoy sería un router, que más que un router parecía un frigorífico.

Y así, con la cocina casi completa (solo faltaban la nevera y el microondas) se produjo el primer envío por Internet. La idea era enviar la palabra “login” (inicio de sesión), no os creáis que se iba a enviar el texto completo del Quijote. Y el caso es que del mensaje solo llegó la mitad: “lo”. Luego el invento se colgó. Vamos, que hizo “chof”. ¡Todo un éxito! Bueno, medio éxito, pero se puede decir que había nacido Internet.

De ahí en adelante, todo fue coser y cantar. Lo que en principio fue una sola red, y más mala que el demonio, con el paso de los años se convirtió en la red de redes. ¡Y hala, todo el mundo conectado!

¿Qué nos depara el futuro para los próximos años? ¿Permitirá la tecnología que demos el gran salto y pasemos de enviar datos por la red a enviar materia y, puestos a rizar el rizo, a enviarnos a nosotros mismos?

Visto lo visto en aquel experimento de 1969, a ver quién es el guapo que se arriesga a transportarse por la web desde, pongamos por caso, Argamasilla de Calatrava, provincia de Cuidad Real, hasta Villanueva de Alcardete, provincia de Toledo, en vez de ir en coche como Dios manda.

Quita, quita. Para que luego la conexión se corte en pleno envío y, cuando el destinatario se descargue el archivo adjunto, se encuentre solo con la cabezota de uno. O, en el peor de los casos, con cualquiera de las partes pudendas del cuerpo serrano del remitente. Y el resto del cuerpo, ahí tirado, en Argamasilla de Calatrava, provincia de Ciudad Real.


Partes pudendas: partes de cuerpo que, por pudor o vergüenza, se suelen llevar cubiertas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *