El pichichi… pachuli… pocholo… peluche …¡no! ¡El impeachment!

El presidente de EE UU, Donald Trump, se ha metido en un buen lío. Nada nuevo, conociéndolo como lo conocemos. Porque se trata de un tipo al que le gusta eso de meterse en líos, se le ve de lejos. Pero ahora parece que la cosa va más en serio. Se le acusa de haber llamado por teléfono al presidente de Ucrania, un tal… Volodímir Zelensky, para pedirle que investigara en los negocietes del hijo de un rival político, a ver si por casualidad encontraba algo feo. Pues eso: un lío. El parlamento americano está dispuesto a iniciar contra Trump un proceso que se llama im-pe-ach-ment, por el que pueden destituirlo de su cargo, es decir, mandarlo al paro por ponerse a husmear donde no debe.

La cosa de la llamada telefónica del presidente de EE UU, Donald Trump, al presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, pudo ser más o menos algo así:

– Riiiiing, riiiiing…

– ¿Sí?

– Buenos días, quería hablar con…Vodafone.

– Querrá decir Volodímir. Soy yo,  ¿Quién llama?

– ¡Soy Donald!

– ¿El pato?

– No, el presidente.

– ¿De la comunidad de vecinos?

– No, de los EE UU.

– Ah, dime, dime, Donald

– Verás, quiero que me hagas un favor, Burundanga.

¡Volodímir!

– Eso, Volodímir,  Es importante para mi futuro.

– ¿Que te preste a mi peluquero?

– No, por Dios. Es sobre los negocietes que tiene en Ucrania el hijo de mi rival político, Joe.

– Has dicho Joe.

– Si, Joe Biden. ¿Qué pasa?

– Que es una palabrotilla.

– Se llama así, y fue vicepresidente de EE UU. ¿No te llamas tú Bladomiro?

– No, Volodímir.

– Pues eso, Volodímir. Que quiero que husmees un poquito por ahí a ver qué sacas de cosas sucias.

– Ea, pues no te preocupes Donald, que yo husmeo. Aquí hago lo que quiero. ¡Soy el presidente!

– Muchas gracias, Bradomín.

¡Volodímir!  Pero, ¿y qué gano yo a cambio?

– Te prometo dos cositas: que vuestra economía va a ir mejor y…  que te llamaré de una vez… ¡Vo-lo-dí-mir!

– ¡Vale!

– Pero ándate con ojo, BurgerKing, porque como los de En plan noticias nos estén grabando… me montan un pichichi.

– ¿Un qué?

– Un pachuli.

– ¿Eh?

– Un pocholo.

– ¿Qué?

– Un peluche.

– ¡Cómo?

– ¡Un impeachment!, que no me salía… Bustamante.

En efecto, el contenido de estas conversaciones (bueno estas no, las reales) ha servido para que el partido político contrario a Trump, el Partido Demócrata, abra una investigación para poner en marcha el procedimiento del impeachment.

La Constitución de EE UU establece que el presidente puede ser destituido si es acusado de traición, soborno u otros crímenes o delitos graves. Y el procedimiento legal para hacerlo es este, el del impeachment.

No es fácil conseguirlo. Se necesita que lo apruebe primero la Cámara de Representantes por mayoría simple. Y luego dos tercios del Senado. De hecho, aunque se ha intentado tres veces en la historia de los EE UU, nunca se ha conseguido.

Pero si finalmente se hace, por lo menos va suponer un mal trago para el presidente. Aunque también es verdad que a Donald le gusta moverse en estos terrenos pantanosos.

No, al pato no. Al presidente.

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