Llevamos unas semanitas de lluvias y más lluvias que han causado muchos destrozos y daños en viviendas, cosechas e incluso, lo más grave, han provocado varias muertes. Es un fenómeno habitual en estas fechas en España, sobre todo en la zona del Mediterráneo. Pero este año ha sido especialmente fuerte. Se conoce popularmente como “gota fría”. Y cuando llega hay que andarse con cuidado y tomar las debidas precauciones. Pero, ¿por qué se llama así si no es solo una gota, sino que cae una burrada de agua, y tampoco es que esté tan fría?

Aunque por su significado literal no parece muy exacta, la expresión “gota fría” se ha hecho ya muy popular y conocida entre nosotros para referirnos al fenómeno atmosférico de estos días. El diccionario lo define como “masa de aire que se desprende de una corriente muy fría y que desciende sobre otra de aire caliente produciendo grandes perturbaciones atmosféricas acompañadas de precipitaciones muy intensas”.

El término se hizo ya muy popular entre los antiguos “hombres del tiempo” de la tele. Sí, os parecerá mentira, pero hace no muchos años la información del tiempo en televisión la daban solo hombres. Por eso se decía “ahora sale el hombre del tiempo”, y entonces aparecía un tipo bajito con bigote diciendo que iba a llover en Soria.

Es de imaginar que el término “gota fría” se comenzaría a usar porque sonaba bien y aludía a la “corriente fría” y a la caída de agua. Al tipo del bigote le parecería apropiado su uso,y al parecer en alemán se empleaba un término muy parecido. Y de salir y salir en la tele… todo el mundo acabó hablando de “gota fría”.

Estas últimas semanas habréis escuchado un término alternativo: DANA, que significa, por sus siglas, Depresión Aislada en Niveles Altos. Los expertos dicen que técnicamente es mucho más correcto. Pero qué queréis que os diga, a veces esta bien dejarse llevar por la gracia del lenguaje: “gota fría” es mucho más chulo, dónde va a parar.

La utilización de términos de este tipo, que no son del todo exactos pero que se hacen muy populares, es algo muy propio de nuestro lenguaje. Y algunos son tan habituales que ni nos damos cuenta de su rareza cuando los usamos. Los hay de todo tipo: vino blanco”, “dinero negro”, “tocar la pandereta”, “poner la mesa”, “clavar la mirada”, “loco de remate”, “tocar la lotería”, etc.  

Los lingüistas llaman a este tipo de términos “colocaciones”. La variedad es inmensa, tanto en la forma como en el origen y la explicación. Unos están muy cercanos a su significado literal y otros, prácticamente nada. El “vino blanco” en realidad es más bien amarillo (con ciertos tonos brillantes y reflejos oro verduscos, que dirían los listillos que tanto saben de vino). La pandereta no es que se toque, es que tiene que sonar y bien por Nochebuena. Y “clavar la mirada”, si se traduce literalmente, tiene que doler lo suyo.

Para quienes hablamos español, resultan muy expresivos y nos gusta mucho utilizarlos. Pero son una verdadera pesadilla para los estudiantes extranjeros, que no acaban de entender su significado y se “arman un lío” (¡otro!).

Pero dejémonos ya de lenguaje y “vayamos al grano” (¡otro más!): lo importante es que mientras dure la “gota fría” os “andéis con ojo”, os “arméis de valor” y “prestéis atención” a cuanto os digan. Que un exceso de confianza os puede “costar un disgusto”. Quedaos mejor en vuestra habitación hasta que escampe saboreando… ¡un buen “postre casero”!


Colocaciones: combinaciones estables de palabras que definen claramente un concepto y que muchas veces empleamos en lugar de otras que, en principio, pudieran parecer más lógicas.  

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